Padre, madre, familia

La configuración tradicional de la familia, basada en el patriarcado, ha sido superada desde hace tiempo.

Fue allá por los revolucionarios años 60 cuando dos cambios fundamentales dieron un giro drástico al modelo familiar: el control de la natalidad y la incorporación de la mujer al mercado laboral. La independencia económica de las mujeres favoreció las rupturas matrimoniales dando origen a nuevos modelos de convivencia. Familias rotas, familias reconstruidas, sin padre. Matrimonios de hecho, matrimonios abiertos, civiles, religiosos… La familia institucionalizada de manera rígida por un contrato de por vida ha dejado de ser la única forma válida de convivencia y se abre paso otro nuevo tipo de familia, plural, adaptada a las necesidades de sus miembros, que se organizan de acuerdo con sus afectos y sus intereses.

No se trata de valores contrapuestos, de familias buenas o malas. Cualquier modelo vale si crea un ámbito afectivo de solidaridad entre las personas, y la ley debe igualar a todos los núcleos familiares, porque la familia patriarcal es social y económica, no natural ni divina, y para llamar padre o madre a una persona no es imprescindible el vínculo biológico.

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