Mi amigo el marxista

Hacía tiempo que no hablaba con él, con mi amigo marxista, proletario, comunista, como él se define. Siempre que nos encontramos, me larga su perorata panfletaria, vehemente y llena de fe dogmática. Normalmente, suelo aguantar el chaparrón lo mejor que puedo, no es un mal tipo, pero hoy me he hartado de la defensa a ultranza de sus ideas y le he informado, (él tan marxista lo ignoraba) que Marx, casado con una aristócrata, no tuvo nunca contacto directo con los obreros, si exceptuamos a la criada de su casa, a la que dejó embarazada y que, siguiendo las costumbres burguesas de entonces, mandó de vuelta a su pueblo con el bastardo. Engels, en cambio, conocía a los obreros porque trataba con ellos en la empresa que dirigía en Manchester.

Se ha escrito poco y no se ha hablado nada de los ciento cincuenta años de la publicación del "Manifiesto de la liga de los comunistas", en 1848, que escribieron Marx y Engels en París, donde se habían refugiado del fracaso de la revolución democrática alemana. Después de más de un siglo, quizás sea el momento de preguntarse si se ha descapitalizado "El capital". No es juego de palabras, aunque lo parezca. Se descapitaliza una empresa porque sus productos no se venden, porque gasta más de lo que ingresa, o por los chanchullos contables mediante los cuales alguien se queda ilegítimamente con el capital. Estas tres cosas han pasado con "El capital" y con toda la obra de Marx.

El producto ha dejado de venderse. La sociedad sobre la cual y por la cual Marx escribía ha cambiado tanto en comparación con la que él describe que ya no encaja con lo que vemos en nuestro entorno. La descapitalización a causa de los gastos mayores que los ingresos es menos evidente. Gracias al marxismo y a los movimientos que inspiró: socialismo, sindicalismo de tendencia socialista, ha habido enormes beneficios, que nadie podía suponer, pero que también habrían ocurrido sin marxismo.

Si el marxismo obtuvo grandes ingresos durante casi un siglo, ahora es deficitario. Esto podría atribuirse, en gran parte, a la apropiación del capital por contables estafadores. El más destructor fue el comunismo, con un periodo en que la apropiación del capital fue, digamos, de buena fe, para resolver problemas inmediatos que se derivaban de una mala interpretación del marxismo: el leninismo. Después se perdió la buena fe y se convirtió en lo contrario de lo que decía defender, en utilización del marxismo para disimular la ineficacia, la dictadura, la represión, el gulag y la eliminación física de todos los marxistas que criticaban a Stalin y a sus sucesores. Los partidos comunistas de todo el mundo, que se formaron creyendo que defendían y aplicaban el que veían como verdadero marxismo, se convirtieron en encubridores y cómplices de esta descapitalización delictiva. Marx, que había escrito "la religión es el opio del pueblo", es utilizado para servir de base a una nueva religión que fue el opio de los revolucionarios y que, por fe, lo justificaban todo, comenzando por la desmarxización del marxismo.

Marx escribió que el capital se compone de dos elementos: el trabajo (los mecanismos de explotación que analiza magistralmente) y la técnica que este trabajo utiliza. Esto no se ha descapitalizado. Si la sociedad de hoy es tan diferente a la de Marx, los instrumentos que utiliza Marx para analizar su época sirven todavía para analizar la nuestra. Con una distinción: que quien utiliza los instrumentos marxistas no son ya los revolucionarios ni los explotados, sino los reaccionarios, los explotadores. Hoy no existe marxismo de izquierdas, sino de derechas. Eso que denominamos globalización es internacionalismo, pero no del proletario que quería Marx, sino de quienes controlan los medios de producción. Es como si el microscopio para analizar la sociedad, que estaba en manos de los que pretendían un cambio social en beneficio de todos, hubiera caído en manos de los que desean cambiarla en provecho de una minoría a costa de todos los demás. La responsabilidad no es del microscopio, sino de los que se la dejan arrebatar.

Hace siglo y medio, tal vez los proletarios sólo tuvieran para perder sus cadenas, como afirmaba Marx, pero hoy los obreros pueden perder su piso, su coche, su televisión, la nevera, el ordenador, la cadena de sonido... Por eso el espíritu debe ser otro del que inspiró el marxismo.

No sé si he convencido a mi amigo con mi discurso, pero espero que en lo sucesivo deje de considerarme lerda, he estudiado filosofía y he analizado la doctrina marxista, al igual que otras muchas. Él sólo habla de lo que conoce, cuatro frases célebres, cuatro ideas cogidas fuera de contexto. Ni siquiera ha leído "El capital". Convengo con Agustín de Hipona: el peor mal de la humanidad es la ignorancia. Y el mejor método para combatirla es la lectura.

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