La política

¿Alguien se ha preguntado por qué se les llama mujeres públicas a las prostitutas y por qué los hombres públicos son los políticos?

Quizás no exista una contradicción inviable entre ética y política, pero creo que la opinión generalizada es que la ética dentro de la política es una utopía.

Quizás yo sea demasiado realista para creer en unas ideas que pretenden “el bien de todos”.

Quizás mi incredulidad, fruto de la constatación de una realidad política podrida, me ha llevado al mismo punto que a Nietzsche “a ser la mujer más independiente de Europa”.

Creo que la política sólo es una lucha por el poder (si el poder se ejerce por el bien público, la política es el más respetable de los cargos, pero como no cumple este servicio, es la más abominable de las actividades).

La demagogia es un distintivo constante del discurso político. (Ya es demagogia hablar de las cosas hechas y olvidarse de las que quedan por hacer, que suelen ser muchísimas más.)

La regla de decisión de mayorías es el principio democrático fundamental, aunque después la democracia lo limite a muy pocas ocasiones. Sólo se reserva a las elecciones.

La suma de todos estos rasgos de la política producen otro: “la patente de corso”, la cláusula que se reserva el político para justificar todo lo que hace. A esto se le llama: sentido de la oportunidad, visión histórica, responsabilidad... y otras sandeces por el estilo, con las que no puedo estar de acuerdo porque contravienen mis principios, los de mi ética personal.

Y es que para creer en los políticos no es imprescindible ser un cínico, pero ayuda.

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