La media naranja

Tengo una amiga que acaba de divorciarse y anda desesperada buscando su media naranja. La noto presionada por el imaginario social, por conseguir esa familia de anuncio televisivo: casa de ensueño con jardín, parejita de hijos, perro y fantástico coche a la puerta, aditamentos indispensables para disfrutar de la vida al lado del príncipe azul. Yo pienso que el amor es un invento cultural como tantos otros, ya que no se produce en ningún otro animal, y que tiene fecha de caducidad. En la fase de enamoramiento se ponen en marcha mecanismos de posesión que suelen desembocar en ataduras a largo plazo y estos lazos, por ser contrarios a nuestra natural inclinación, acaban rompiéndose. Vivimos constantemente presionados por nuestro instinto reproductor, que tiende hacia algo muy distinto del matrimonio, porque el matrimonio sólo sirve para la transmisión de la propiedad mediante la legalización de la prole. Buscar la media naranja es malsano y genera dolor. Todos somos una naranja completa. Hay que entender que nadie en el mundo acabará con nuestra soledad, nos dará la felicidad o cercenará nuestra libertad. Partiendo de estas premisas podemos afrontar las relaciones de pareja de una forma menos dañina.

Comentarios