Hay que rebelarse

El estado actual del mundo requiere una visión precisa, realista, sin perfiles. Estamos perdiendo nuestra capacidad de rebelión, la apatía nos mata el ánimo, la esperanza, la posibilidad de hacer algo mejor por el mundo, algo más positivo que criticar su estado. Combatir lo malo de nuestra sociedad no consiste en escribir sobre ello, aunque a veces sea necesario.

No busquemos culpables más allá de nosotros mismos, que nos hemos vuelto pasivos, perezosos, estamos faltos de voluntad y todo aquello que requiera esfuerzo nos desalienta. Yo no tengo soluciones, ya me gustaría, sólo apunto observaciones.

Los disidentes, los rebeldes, están desorganizados y no suponen una fuerza de confrontación al orden establecido. Hay que inventar nuevas fórmulas, la política no responde a las demandas de la sociedad, cada cual mira por lo suyo.

Inmersos en la vorágine que nos toca vivir y llenos de ansiedad, vemos cómo el futuro emerge amenazador porque hemos perdido la ilusión y el coraje para enfrentarnos a él.

Ningún redentor vendrá a rescatarnos, tenemos que luchar nosotros.

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