Democracia, barco a la deriva

Democracia es hoy una palabra vacía de contenido. La democracia es un barco a la deriva dirigido por la opinión pública y controlado por los poderosos.

Los gobiernos democráticos son marionetas al servicio de los poderes económicos. Como ejemplo: Bush, que se halla en manos del complejo militar industrial al que ha concedido un poder desmesurado.

Criticamos las dictaduras, los autoritarismos fascistas y comunistas, pero la democracia actual ha cedido a los poderes económicos que la manejan en su beneficio, por eso es igual el partido o la ideología que gobierne, su margen de maniobra está limitado.

Los ciudadanos votan cada cuatro años y en este lapso los lobbies marcan la agenda del gobierno y tratan a los políticos como a empleados sometidos por la necesidad de dinero para controlar a los medios y mantenerse en el poder.

No se le da réplica al poder, no se va más lejos del juego partidista para involucrar al ciudadano en la defensa de sus intereses. No existe contrapoder y las multinacionales campan a sus anchas gracias a los paraísos fiscales y a la evasión de impuestos, sin que se realicen intentos serios para ponerle coto a esta situación.
Sin la movilización permanente de los ciudadanos para fiscalizar cada acto del gobierno, la democracia no es nada.

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