Atreverse a pensar

Hoy, que impera el culto a la frivolidad, que las afirmaciones críticas son incómodas, que vivimos desorientados, que es fácil dejarse llevar por la moda, por la presión mediática, por la conversación brillante y sin contenido, por la ironía inteligente pero vacía, cuesta encontrar personas que piensen. Digo que esto pasa ahora aunque seguramente siempre ha sido así. Muchas personas se sienten más seguras en la comodidad confortable de la indiferencia y la ignorancia y no asumen posturas frente a la vida. Es probable que la gente que reflexiona antes de actuar, la gente que actúa pensando en el conjunto, que no se limita a vegetar con lo que le van dando, la gente que mira las cosas con sentido crítico, en definitiva, las personas inteligentes con criterio propio, sean minoría y siempre lo hayan sido.

Está claro que tranquiliza más vivir entre la multitud, y es más seguro formar parte del rebaño que destacarse por ser un librepensador (con los riesgos que esto implica a veces), por eso hay que echarle un par de narices a la vida y, expresándose sin tapujos, denunciar las injusticias sociales.

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