23 de junio de 2009
Dinero
Yo prefiero “ser” a “tener”, el dinero nunca ha sido prioritario en mis ambiciones. En nuestra sociedad el dinero, el poder y la fama justifican cualquier comportamiento, y me parece tremendo. No voy a cometer la ingenuidad de considerar el dinero algo superficial o ajeno al grado de felicidad que permite alcanzar, tiene su importancia, claro está, y nadie puede sustraerse a su poder, pero nunca me ha molestado no ser rica.

La mayor parte de la población depende de un sueldo que es la remuneración por un trabajo enojoso, que no le gusta, yo disfruto la ventura de realizar una tarea que me apasiona, con la que nunca llegaré a ser multimillonaria, pero que me colma, y esto consigue que mi balance sea positivo. Mis ingresos son fácilmente predecibles y basándome en ellos he organizado mi economía. He aceptado esta realidad y me conformo con mi poder adquisitivo, acaso sea mi “conformismo” lo que me hace feliz, porque si lamentase permanentemente mis limitaciones, estaría condicionando mi felicidad a un enriquecimiento poco probable y eso sí me impediría ser dichosa.

Respecto al otro dinero, a la economía... supongo que el intercambio designa la pauta de conducta panhumana de dar y recibir, ya que los seres humanos no podríamos vivir sin intercambiar nuestro trabajo o los productos del mismo entre nosotros. Sin embargo, las pautas de intercambio difieren claramente según las culturas.

En nuestra sociedad capitalista el dinero lo compra todo, pues todo tiene un precio. El trabajo tiene un precio llamado salario, y el mismo dinero tiene un precio llamado interés. Todo el mundo trata de adquirir tanto dinero como le sea posible, pues la riqueza otorga prestigio a la persona que la posee. El capitalismo provoca, inevitablemente, desigualdades acusadas en la riqueza, cimentadas en la propiedad privada o en el acceso diferencial a los recursos. Como en todas las economías estratificadas, la coacción del Gobiernos es “necesaria” para evitar que los pobres expropien la riqueza y los privilegios de los ricos. Triste ¿no?

Las economías socialistas o comunistas, que antaño intentaron sustituir el consumismo de mercado y la preocupación obsesiva por la ganancia de dinero por formas igualitarias de redistribución e intercambios recíprocos, también han acabado degenerando en economías monetarias de mercado, así mismo, es cuestionable que hayan alcanzado la sociedad sin clases que es el requisito previo para las formas realmente igualitarias de redistribución de la riqueza.

Resumiendo: el hombre vivió sus mejores momentos durante toda la Prehistoria y antes de la evolución del Estado, cuando la idea del dinero le era ajena.
María Dubón | 12:32 | Permalink |
12 de mayo de 2009
Educación infantil
Rousseau no fue lo que podría decirse un padre modélico, pues envió a sus cinco hijos a un orfanato. Más tarde, avergonzado de su proceder, se defendió alegando una serie de motivos deslavazados: no tenía suficiente dinero para alimentar a las criaturas, no tenía la certeza de que su compañera, la lavandera Thérèse Levasseur, no se hubiera quedado embarazada de otros hombres, también tenía dudas de que Thérèse fuera capaz de criar a sus hijos. Además, fue preferible apartar a su descendencia de la enervante influencia burguesa y permitirles el placer de la disciplina de una institución pública. Por último, ¿cómo hubiera podido escribir con tranquilidad en una casa llena de ruidosos niños? Si uno quiere convertirse en padre de la pedagogía moderna no puede rebajarse a las minucias intelectuales que exige la educación de los propios hijos.

Los hijos de Rousseau fueron declarados expósitos y crecieron anónimamente. Fue imposible localizarlos más tarde, cuando su progenitor se quejó de que nunca podría sentir la bendita dicha de abrazarlos con su tierno corazón paternal. Nadie podía acusarle –alegó Rousseau- de haber sido un hombre sin corazón ni un padre desnaturalizado. Al fin y al cabo, culmina sus autoconfesiones con la idea de que: a él también le hubiera gustado educarse en un orfanato.

Rousseau nos enseñó que los niños son distintos que los adultos. Antes de Rousseau se estimaba que la infancia era un estado de imperfección humana. Por el contrario, Rousseau consideraba la niñez como una fase larga e importante del desarrollo, que conduce gradualmente a la madurez a través de una serie de etapas. El autor de “Emilio” puso de manifiesto que los niños tienen necesidades diferentes de las de los adultos y que piensan y perciben de otra manera. Rousseau afirmó que los niños han de aprender de la experiencia y no de reglas dogmáticas que no pueden comprender. No se les debe exigir algo que a su edad no son capaces de hacer. Los niños deben desarrollarse como las plantas, a las que se deja crecer y hacerse fuertes antes de podarlas.

Rousseau ilustró su concepto pedagógico describiendo un niño tipo al que llamó Emilio. Su pedagogía se basaba en la hipótesis fundamental de que el hombre es bueno por naturaleza y de que es la sociedad la que le corrompe. Los niños poseen una perfección natural sin adulterar. Por esta razón, Emilio debe ser educado para conservar en lo posible esa excelencia natural de la infancia mientras le preparan para vivir en sociedad.

Emilio pasará los primeros doce años de su vida alejado de la sociedad, viviendo en el campo con la única compañía de su educador. No contará con ninguna ayuda para aprender a andar. Los golpes que pueda darse al caer no le perjudican, sino que le sirven para saber cómo levantarse. Su educación consiste básicamente en que su maestro se abstenga de intervenir en su desarrollo evitando cualquier injerencia decisiva.

Emilio vivirá hasta los doce años con la única compañía de su educador, que le dirige sin que el niño sea consciente de ello. El preceptor siempre mantiene el control de la situación. En todo este tiempo a su aprendiz no le enseñará ni a leer ni a escribir. Antes de formar su intelecto es necesario fortalece su cuerpo y despertar sus sentidos. Una vez que aprende a leer, la única lectura que se le permitirá es “Robinson Crusoe” de Daniel Defoe, porque en ella encontrará la descripción de una vida autárquica en la naturaleza. La propuesta no deja de ser irónica, pues esta obra constituye el ejemplo clásico de cómo la sociedad burguesa explota la naturaleza todo lo posible para proclamar al fin la victoria de la civilización.

Entre los doce y los quince años hay que alimentar gradualmente el intelecto de Emilio, pero el alumno no se formará sólo con libros, sino también con excursiones al aire libre. Debe observar a la naturaleza y plantearse interrogantes que ha de resolver por sí mismo, ha de aprender a tener un pensamiento autónomo. A los quince años es posible confrontarlo con las cuestiones religiosas y morales, también conocerá al otro sexo y se le preparará para la vida matrimonial.

Hay que destacar que para Rousseau la educación infantil significa educación de los varones. Para él, formar a las mujeres no tiene sentido, puesto que, en su opinión, aunque son capaces de pensar, nunca lograrán comprender complejos nexos causales: las mujeres son como eternos niños. Su destino es el matrimonio y la maternidad. Las mujeres son esencialmente ingenuas, débiles, recatadas y, en cualquier caso, no les corresponde llevar una vida independiente. Sirven de entretenimiento al hombre y dependen de él.
María Dubón | 11:03 | Permalink |
14 de abril de 2009
Cristo pionero de la causa nacionalsocialista

El nacimiento del señor, que se celebra en Navidad, es de la máxima importancia para los nacionalsocialistas. Cristo ha sido el mayor pionero en la lucha contra el enemigo mundial judío. Cristo fue el ser más combativo que nunca haya vivido en la Tierra… La lucha contra el poder del capital fue la obra de toda su vida y su enseñanza, por la cual su archienemigo, el judío, lo clavó en la cruz. La tarea que Cristo empezó pero no pudo terminar la concluiré yo.

Fragmento del discurso pronunciado en Munich, en diciembre de 1926, por Adolf Hitler.
María Dubón | 18:19 | Permalink |
17 de marzo de 2009
Crisis
La crisis del mundo es casi terminal y por eso nos aferramos a todo aquello que nos distrae de semejante momento. Con casi la mitad de la población mundial padeciendo hambre (2.500.000.000 sí, dos mil quinientos millones de seres humanos), con amenazas de guerras permanentes, con una naturaleza degradada hasta extremos que da pavor (de economía hablaremos en otro momento)... El recurso para no acabar locos es volcarnos en cosas triviales, que no nos hagan pensar en semejante planeta.
María Dubón | 12:23 | Permalink |
12 de marzo de 2009
Remedio para el perfeccionismo

“Lo mejor es hacer cada proyecto a tu manera y, si encuentra su público, maravilloso. Y si no, pues no hay nada que hacer; así que es mejor no preocuparse. Pero si tú lo has hecho lo mejor que sabes, te vas a sentir bien”.

“Hay cosas que haría de otra manera si pudiera repetirlas, pero como eso no es posible no vale la pena darle vueltas”.

A Clint Eastwood le ha costado 78 años dar con la fórmula para vencer su perfeccionismo obsesivo. Sus planteamientos son excelentes, pero cuando toca aplicarlos en una misma…, ya es otra cosa.


* Extracto de la entrevista a Clint Eastwood realizada por Jorge Fabián.
María Dubón | 12:19 | Permalink |
9 de marzo de 2009
París

París bien vale una misa... Incluso para un ateo.
María Dubón | 11:42 | Permalink |
9 de febrero de 2009
Belleza y felicidad
Muchas mujeres piensan que encontrarán la felicidad en la belleza, cuando es todo lo contrario: sin felicidad no es posible la belleza. Incluso las facciones más perfectas pierden su encanto en una persona profundamente desgraciada, insatisfecha o enojada.

Deepak Chopra, médico y autor del libro “Operación cuántica” afirma: “Pensar equivale a practicar la química cerebral. En el instante mismo en que pienso ‘soy feliz’, un mensajero químico se encarga de traducir esa emoción, que no existe en forma sólida en el mundo material, en un trozo de materia perfectamente sincronizado con mi deseo de que literalmente todas las células de mi cuerpo se enteren de mi dicha y se unan a ella. La mente y el cuerpo son como universos paralelos. Todo lo que sucede en el universo mental deja huella en el físico”.

Es un hecho probado que la tranquilidad emocional y los pensamientos alegres estimulan la producción, principalmente en la hipófisis y el hipotálamo, de endorfinas o neuromensajeros del placer, analgésicos naturales que estimulan el sistema inmune y promueven la salud y el bienestar.

La investigación neurodermatológica avanzada ha demostrado que la piel, como el cerebro, es capaz de segregar endorfinas que estimulan la actividad celular tanto en superficie como en profundidad. Mejoran la actividad de las células epidérmicas responsables de la tersura y luminosidad del cutis y promueven la actividad de las células dérmicas responsables de su elasticidad, desempeñando un papel esencial en la lucha contra el envejecimiento.

El cansancio, las preocupaciones, el estrés… Todo esto se refleja en la piel, que se resiente del impacto que nos causa la agitada vida que llevamos causando desequilibrios biológicos importantes. Por eso es tan importante mantener una actitud positiva frente a los acontecimientos. La felicidad embellece, y nada nos hace aparecer más radiantes antes los ojos de los demás y ante los propios que una sonrisa alegre en el rostro, fruto de una sensación de bienestar interior.
María Dubón | 13:19 | Permalink |
28 de enero de 2009
Consideraciones sobre el aborto
La ciencia aún no se ha puesto de acuerdo a la hora de establecer en qué momento de la concepción se crea la vida, si se produce con la unión del óvulo y el espermatozoo o si ocurre en algún momento impreciso de la gestación. La ley es clara al respecto, trascurridas las primeras 24 horas del neonato se le considera persona a efectos legales.

Creo que más que una cuestión científica, biológica o legal se trata de una cuestión moral o ética. Supongo que ninguna mujer se somete a un aborto alegremente y por gusto, son las circunstancias las que le empujan a adoptar esta decisión, que en todos los casos acarrea secuelas emocionales, incluso en aquellas mujeres que se manifiestan claramente a favor de esta vía, porque una cosa es opinar en frío, sin que te atañan los hechos que juzgas, y otra bien distinta ser parte implicada en el asunto.

Algo parecido ocurre con la eutanasia, se puede estar a favor de que un enfermo que sufre unos dolores insoportables y no tiene esperanza de curación termine sus días de una forma digna y sin sufrimiento innecesario, pero ¿a quién no le temblaría el pulso firmando la autorización para que "terminasen" con su madre o con su hijo?
María Dubón | 13:56 | Permalink |
14 de enero de 2009
Darwin cuestionado
Han trascurrido 145 años desde que Charles Darwin publicó su famosa teoría sobre la evolución de las especies, pero para muchos norteamericanos la premisa sigue resultando falsa.

En los estados de Florida, Mississippi, Missouri, Illinois, Kentucky y Oklahoma los libros de texto omiten la palabra "evolución" y hace unas semanas las autoridades del condado de Cobb, en Georgia, obligaron a que todos los libros que aludan a la teoría de la evolución lleven un aviso que advierta que se trata sólo de una explicación sobre el origen de la vida.


En el libro "El misterio del origen de la vida: un reexamen de las teorías actuales", escrito por Charles B. Thaxton, Walter L. Bradley y Roger L. Olsen, tres bioquímicos que se declaran "cristianos renacidos", se argumenta que la diversidad de la vida es tan abundante y tan compleja que es imposible que se deba a un proceso azaroso y gradual de evolución. Esta teoría, denominada "diseño inteligente", ha sido muy bien acogida por los defensores del creacionismo, doctrina que acepta literalmente la descripción bíblica del origen del mundo, porque confiere a sus ideas un peso "científico" sin el cual no pasaría de ser una interpretación.


Aunque la teoría del "diseño inteligente" parezca disparatada a estas alturas, ha provocado una avalancha de publicaciones y trabajos académicos a favor y en contra.


Behe, profesor de la Universidad Lehigh, de Bethlehem, Pennsylvania, mantiene que la bioquímica nos descubre un mundo celular de complejas moléculas diseñadas con tal precisión que sólo puede ser explicado por la intervención de un creador inteligente, o sea, Dios.


Dembski, profesor de la Universidad Baylor, de Waco, Texas, afirma que es absurdo que la vida y el universo hayan surgido por procesos naturales casuales y, por tanto, son el resultado del diseño inteligente de Dios. A estas opiniones se enfrenta Ernest Mayr, biólogo evolucionista considerado el padre de la biología moderna, que trabaja en la Universidad de Harvard y sostiene que "la evolución no es una teoría más; es un hecho comprobado, tanto como que la Tierra gira alrededor del Sol”. Puede ser una evidencia científica, pero no persuade a los creacionistas, que siguen convencidos de que Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza y no admiten que un mono forme parte de nuestro linaje.
María Dubón | 18:00 | Permalink |
27 de diciembre de 2008
Astrología en la Edad Media
La Edad Media supuso un salto cualitativo respecto de la antigüedad clásica en el difícil arte de la adivinación. Las aves son sustituidas por los astros y el arúspice por el astrólogo.

Por un lado, las estrellas son también intermediarias entre el cielo y la tierra; ellas representan un desafío a la oscuridad de la noche y son como luminarias que iluminan la vida de los hombres. Astros o estrellas trascienden las tinieblas nocturnas y representan un triunfo de la luz espiritual sobre la oscuridad moral de la materia. Por otro lado, los astros mantienen una regularidad en su comportamiento del que carecen las aves, dando fijeza y seguridad a sus movimientos, que reflejan de algún modo el imperio de la razón divina y sobrenatural. Sin duda, la distancia que va del politeísmo antiguo –con dioses sometidos al capricho y veleidad de las pasiones- al monoteísmo cristiano –con un Dios único, sometido a los principios de la razón aristotélica-, debió ejercer un influjo considerable en el paso de una a otra concepción; recordemos el peso que sobre la idea cristiana de Dios tiene el Primer Motor de Aristóteles. En cualquier caso, el Dios de los judíos impone orden y unidad en el movimiento de los cielos –frente al múltiple y voluble vuelo de las aves que refleja el politeísmo antiguo-, lo que facilita a su vez un conocimiento más preciso de la conducta humana en la medida en que se atiene a regularidades observables.

La conducta de las aves no era codificable, mientras que la de los astros sí lo es; de ahí nace la astrología en cuanto a disciplina distinguible de la astronomía. Ambas se consideraron desde los tiempos más antiguos como estrechamente relacionadas y en dependencia la una de la otra. Es verdad que la astronomía se ocupa de los fenómenos físicamente observables, mientras que la astrología conjetura y predice sobre cosas inciertas fundándose en aquellos, pero no es menos cierto que ambas se consideraban caras de la misma moneda, dada la concepción del mundo de que se partía. Esta provenía del mundo caldeo, pasó a los egipcios, fue compartida por los árabes y se extendió a algunos pensadores del Occidente europeo; consistía en una firme creencia de unidad cósmica y, por tanto, en la conexión de todas sus partes, de acuerdo con lo cual el hombre era un microcosmos que reflejaba la estructura y composición del macrocosmos. Cualquier acontecimiento ocurrido en éste debía, pues, reflejarse en aquél y así sucedía con los astros, cuyos movimientos, situación y estructura debería lógicamente influir sobre el ser al que se consideraba centro de la creación. Ni que decir tiene que Copérnico y el derrumbe de la teoría tolemaica constituyeron un durísimo golpe para la astrología.

En cualquier caso, la Astrología disfrutó de una enorme fama y difusión durante la Edad Media y parte del Renacimiento, a pesar de las condenas de la Iglesia católica, hasta tal punto que no había rey que se preciase que no tuviera su corte de astrólogos.
María Dubón | 18:50 | Permalink |
15 de diciembre de 2008
Ciudades

Toda ciudad, por pequeña que sea, se asemeja a una cebolla: incontables pieles superpuestas, a veces blanquecinas, otras oscuras pero generalmente traslúcidas o transparentes, ocultando un corazón que en sí no es nada, ni existe; unas capas más gruesas y bastas, en la periferia, en contacto con la húmeda y alimenticia tierra; otras finas, delicadas y refugiadas en su centro; ácida y dulzona al mismo tiempo, destinada a la más prosaica ensalada o al guiso más refinado. Según la habilidad del chef.

Toda ciudad encierra en su seno múltiples universos, sólo es preciso encontrarlos. Y nada hay más agradable que pasear una y mil veces por ella, por provinciana que sea, retorciendo el callejero, a distintas horas del día y en fechas diferentes, con cualquier motivo lúdico o guiado por el ocioso azar. Su gente, sus espacios, sus asuntos también se aglutinan y se confunden. Sólo hay que prestar atención. Y en ocasiones es bueno dejarse orientar y aprender de la sabiduría y las huellas de los que nos preceden.
María Dubón | 17:52 | Permalink |
1 de diciembre de 2008
Conmociones musicales
El mundo de la música, al igual que las otras artes, ha sufrido distintas conmociones. Claude Debussy (1862-1918) buscó nuevos sonidos disolviendo las viejas formas musicales a favor de los acordes y escalas difusos para expresar atmósferas y colores. Aunque su música todavía era armónica desde un punto de vista sonoro, las combinaciones de acordes y las escalas eran tan nuevas e inhabituales que desorientaron al público.

Una desorientación semejante causó Eric Satie (1866-1925), un artista insólito en todos los sentidos y amigo de Debussy. Grotesco pianista y familiarizado con los surrealistas y con las nuevas corrientes artísticas, Satie dijo cosas como estas: “El hecho de que la música no guste ni a los sordos ni a los mudos, no es una razón para despreciarla”. Satie compuso música sobre música, como la “Sonate Bureaucratique”, que ridiculizaba la música aristocrática burguesa; en sus partituras hay anotaciones en las que se indica que ciertos pasajes debían repetirse durante dieciocho horas; publicó obras que prohibió ejecutar y fundó una Iglesia cuyo primer mandamiento era que solo él podía pertenecer a ella. Al mismo tiempo, con sus “Gymnopèdies” y “Gnossiennes”, títulos dadaístas carentes de sentido, compuso una música de belleza sobrenatural, pero completamente antirromántica.
María Dubón | 18:23 | Permalink |